La más alta expresión del amor son las madres. A ellas se les ha concedido la providencia de dar el fruto de su vientre.

En estas mujeres privilegiadas se reflejan los más nobles sentimientos, la intensidad del sacrificio y la disposición de entrega incondicional. Son las campesinas, las obreras, las profesionales, las políticas, las ricas, las pobres. Todas son dadoras de vida y valientes luchadoras.

De hecho, alrededor de treinta por ciento de las familias; esto es, 900 mil hogares de nuestro país tienen como sus cabezas a mujeres que cada día forjan la vida de sus hijos.

Recordamos que, en el gobierno del doctor Miguel Paz Barahona, el Congreso Nacional -presidido por el general, Tiburcio Carías Andino, y actuando como secretarios de ese Poder del Estado don Antonio C. Reina y don José María Albir- se emitió el decreto 32 mediante el cual se determinó celebrar el segundo domingo del mes de mayo como Día de la Madre.

En tiempos pretéritos, rendir homenaje a la autora de nuestros días cultivaba el amor maternal y despertaba el entusiasmo de los celebrantes, porque prevalecía más el regalo espiritual que el material.

Cantarles, declamarles o dedicarles una composición, constituía una alegría de infancia o juventud. Era el mejor vínculo para llegar al corazón de una madre que apreciaba más aquellas demostraciones, que cualquier otro presente.

Bueno es que rescatemos esa reverencia con que antaño se colocaba de relieve la figura, el sacrificio y la entrega de las mujeres privilegiadas por haber procreado vida.

El Día de la Madre es una celebración muy especial en nuestro país, una tradición que es posible que ahora sea más comercial que espiritual, pero el sentido de homenajear al ser más querido de la tierra continúa siendo una celebración que nos permite año con año tributar a esas mujeres extraordinaria el amor que se merecen y a elevar las oraciones a Dios para que las almas de aquéllas que partieron a su seno celestial, disfruten de la paz eterna.

HRN tributa homenaje a todas las madres, a las campesinas, a las obreras, a las profesionales, a las políticas, ricas y pobres, mujeres que Dios les regaló el privilegio terreno de ser madres.

Cantemos a ellas con devoción: “En el nombre de madre se encierra la más alta expresión del amor, porque no puede haber en la tierra una imagen más clara de Dios”.

 

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