El brote de influenza ha cobrado la vida de una decena de personas a la fecha.

Así está plasmado en los registros del sector salud acerca de los pacientes que sucumbieron ante la enfermedad infecciosa, aguda y contagiosa que estos días se ha expandido rápidamente entre la población.

Todo está listo para que el lunes se inicie la campaña de vacunación contra el virus que provoca la enfermedad. De conformidad con lo que se ha anunciado, alrededor de 2,000 enfermeras y enfermeros serán integrados en la jornada de inmunización.

Las opiniones de expertos en torno al manejo de la actual situación sanitaria son contradictorias. Unos se han pronunciado a favor de que sea declarado un estado de emergencia y, otros, han considerado que no es necesario ni competente.

Especialistas en la materia de infectología, han afirmado que la muerte de una decena de enfermos es suficiente razón para que las autoridades adopten medidas extremas.

En contraste, médicos epidemiólogos consultados por HRN estimaron que no procede la declaración de una alerta e ilustrado que los episodios que se han presentado están concentrado en Cortés, Francisco Morazán y Choluteca.

Desde el punto de vista de tales facultativos, Honduras está a tiempo de evitar una epidemia. Lo que sí es cierto es que los casos de influenza se han registrado muy temprano este año, pues su diagnóstico suele ser reportado en los meses entre junio y noviembre.

La Organización Panamericana de Salud descartó que el país esté bajo un epidemia. Los representantes de ese organismo en Tegucigalpa, han expuesto que se trata de un brote generado por la circulación de los virus H1-N1 y H1-N3.

En declaraciones ofrecidas en la mitad de esta semana, funcionarios de la cartera ministerial de Salud reafirmaron que no están dadas las condiciones para clasificar el cuadro actual dentro de una epidemia por influenza.

Hasta entonces, la Administración Central había documentado más de un centenar de episodios de la enfermedad. Unos correspondían al virus H1-N1; y otros, a tipo H1-N3.

La población expuesta está advertida sobre las providencias destinadas a evitar un contagio virulento del mal; entre éstas, el lavado escrupuloso de las manos, rehuir a los saludos con besos y otras medidas asociadas.

Los síntomas de la influenza son muy similares a los que acompañan la gripe común; sin embargo, son más graves y sus complicaciones pueden ir desde una infección asintomática hasta una neumonía.

 

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