TOMADO DE “EL PAÍS”

Esta fue una semana complicada no sólo en Argentina. La subida de los tipos de interés en EEUU aspiró el dinero de los mercados emergentes y las monedas de la región se depreciaron rápidamente. Pero ninguna tanto como el peso argentino.

Y cuando el dólar sube, la calle se preocupa, mucho. Aunque “nada haya cambiado tanto en el último mes para semejante cambio de las expectativas”, dice el exministro de Economía José Luis Machinea, el hombre que intentó contener, hasta su reemplazo por Ricardo López Murphy, la debacle de 2001. ¿Dónde está entonces el problema?

Para el politólogo Juan Germano, director de la consultora Isonomía, es una cuestión de percepción. “En Argentina hay tres palabras prohibidas: inflación, dólar y desempleo. Cualquier argentino puede entrar en pánico con estos temas.

El desempleo es el tema más tabú, porque da mucho miedo. En dos años de [Mauricio] Macri esa variable no fue un factor de pánico y no lo es ahora. Pero de los tres temas tabú, hay dos que esta semana estuvieron en todos los diarios”, dice.

Desde la puerta de su local de venta de golosinas, Oscar tiene el termómetro de Villa Urquiza, un barrio de clase media de Buenos Aires.

“La gente no habla de otra cosa: ‘El dólar sube, todo aumenta, el gas, la luz, la nafta’. Yo vendo cada vez menos”, se queja. Tiene la sensación, dice, de que el país está cerca de que pase “algo muy grave”. Miguel tiene 52 años y ha vivido muchas crisis.

Sale de una verdulería con algunas frutas en una bolsa de tela naranja y tiene en la boca comentarios lapidarios: “Otra vez lo mismo, siempre lo mismo. Sube el dólar y se pudre todo. Todo aumenta”. Para Jorge, el dueño de una liberaría, los problemas empezarán la semana próxima, cuando tenga que reponer mercadería. “Antes venían con aumentos de a centavos, pero ahora son de a dos o tres pesos. ¿Las ventas? Como siempre, aguantando. La gente guarda el dinero cuando tiene miedo”, dice. Dólar e inflación, los dos temas tabú, los de siempre.

En el corto plazo, el Gobierno enfrenta el desafío de controlar la histeria cambiaria, desviando la agenda hacia asuntos menos conflictivos, sacar de las conversaciones del café y las portadas de los diarios el dólar y las subidas de los precios. “Son temas que activan paranoias automáticas, aunque el contexto es el de una crisis pequeña. Pero hay que controlarlos rápido, porque si se extienden en el tiempo serán un problema mucho más grave”, dice Germano. El desafío es enorme, porque una vez que cunde el desánimo es difícil recuperar el optimismo, sobre todo para un Gobierno que llegó al poder con la promesa de una “revolución de la alegría”.

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