De entre todos los mitos y creencias que pululan por el imaginario colectivo, el de las bondades del vasito de agua con limón en ayunas es, junto con el de los beneficios de la copita de vino, uno de los más arraigados.

De este sencillo brebaje se ha llegado a decir que ayuda a adelgazar, que es capaz de reducir las infecciones urinarias, que depura el intestino, que puede prevenir el cáncer y hasta que tiene “superpoderes”. Hagan la prueba y busquen en Google “agua limón ayunas”. El buscador arroja decenas de páginas en las que se enumeran las virtudes de este preparado casero cuasi milagroso.

Lejos de remitir, el mito ha ido extendiéndose con el paso de los años gracias a que ha sido reproducido en innumerables publicaciones, lo han recomendado celebrities como Elsa Pataky y, por supuesto, ha vivido durante décadas gracias al boca-oreja, el más efectivo método de propagación de teorías magufas y anticientíficas. Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? Nada o prácticamente nada. No hay ningún estudio científico robusto que haya demostrado que el agua con limón tenga excepcionales beneficios.

Lo explicaba aquí hace algún tiempo el dietista-nutricionista Juan Revenga de una forma tan lógica como ilustrativa: “Si el agua con limón verdaderamente tuviera innumerables beneficios, con lo barato que es el sistema y la escasez de problemas colaterales, ¿cómo es que ni un solo servicio sanitario público, ni una sola administración sanitaria del mundo desarrollado lo tiene implantado como uno de sus protocolos en personas hospitalizadas? ¿Cómo es que tampoco aparece en ninguna recomendación oficial?“.

La respuesta a esta pregunta, tal y como apunta el experto y como ha señalado también Marián García, doctora en Farmacia y autora del blog ‘Boticaria Garcia’, es bien sencilla: porque no los tiene.

Sí es cierto que el limón aporta a nuestro organismo vitamina C, potasio y ácidos orgánicos, entre otros nutrientes. Sin embargo, no lo hace en mayor medida que otro tipo de frutas como la naranja o el kiwi, o que vegetales como la col o el brócoli. ¿Por qué apostar entonces específicamente por el vasito de agua tibia con limón por la mañana, y en ayunas, para más inri?.

Los que aseguran que esta pócima milagrosa previene la obesidad e incluso sirve para adelgazar o “desengrasar” suelen acudir a los polifenoles para justificar semejante afirmación.

A decir verdad, existe un estudio publicado por la revista Journal of Clinical Biochemistry and Nutrition en el que se apunta que estas sustancias que posee el limón “suprimen la obesidad inducida por la dieta”.

Sería demasiado bonito si no fuese porque el trabajo se llevó a cabo en ratones y se les dio directamente esta sustancia química extraída de los limones en una cantidad bastante más elevada que la que podemos encontrar en un vasito de agua.

En personas, por el momento, no existe evidencia científica alguna que demuestre que el zumo de limón provoque ni éste ni ningún efecto parecido sobre nuestra grasa corporal.

Ni adelgaza ni ‘detoxifica’

Otra de las falacias que se suelen argumentar cuando hablamos de este remedio casi milenario es que fortalece el sistema inmune gracias a su gran aporte de vitamina C. Es cierto que la vitamina C tiene un papel protector y antioxidante.

Sin embargo, un limón escurrido contiene alrededor de 35 miligramos y esta cantidad sólo representaría la tercera parte de la dosis diaria recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para los hombres (90 miligramos/día) y menos de la mitad de la aconsejada para las mujeres (75 miligramos/día).

Este cítrico ni siquiera es uno de los alimentos que más vitamina C proporcionan a nuestro organismo. Por delante de él están por ejemplo el mango (122,3 miligramos/unidad), el pimiento rojo (190 miligramos/unidad) o el perejil (120 miligramos).

Si tu objetivo es prevenir gripes y catarros, vete olvidando también del vaso de limón o del zumo de naranja porque la vitamina C no tiene este efecto.

Se trata de uno de los mitos más viejos que pululan por el imaginario colectivo y que le debemos a Linus Pauling, Nobel de Química que hace 50 años publicó La vitamina C y el resfriado común, un libro en el que defendía que altas dosis de este compuesto podían prevenir el resfriado, la alergia y hasta la bronquitis. La literatura científica ha demostrado que nada más lejos de la realidad.

El vaso de agua con limón tampoco depura tu organismo ni detoxifica nada (sea lo que sea que quiere decir semejante palabro).

De hecho, las dietas detox a base de batidos con vegetales, frutas y demás parafernalia revestida de mucho marketing y poco raciocinio suponen un riesgo para nuestra salud y no existe ninguna evidencia científica que constate que cumplen con lo que prometen. Lo han advertido revistas como Journal of Human Nutrition and Dietetics, el British Medical Bulletin y hasta la la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). “A algunas personas la acidez del limón les ayuda a ir de vientre.

Sin embargo, a las personas con gastritis les puede hacer mucho daño“, explica la dietista-nutricionista Ana Amengual. “Tomar un vaso de agua con limón exprimido en ayunas no tiene ningún beneficio”, zanja la experta.

Otro de los grandes infundios que circulan por la red es que el agua con limón ayuda a alcalinizar nuestro cuerpo. Este jugo es utilizado habitualmente por algunos sujetos que se someten a la dieta alcalina o dieta del pH. Los defensores de esta insana rutina alimentaria apuntan que hay algunos alimentos que afectan a la acidez de nuestro cuerpo y que frutas, vegetales y legumbres ayudan a limpiar nuestro organismo. Para más inri, aseguran que adoptar esta dieta sirve para prevenir y combatir enfermedades tan serias como el cáncer. Ahí es nada.

Hace algunos años, el Instituto de Investigación del Cáncer de Estados Unidos ya emitió un comunicado desmintiendo semejante infundio y la última revisión llevada a cabo sobre la cuestión y publicada por The BMJ lo deja también meridianamente claro: “A pesar de la promoción de la dieta alcalina y el agua alcalina por parte de medios y vendedores, no hay investigación para apoyar o refutar estas ideas. (…) La promoción de la dieta alcalina y agua alcalina para la prevención o el tratamiento del cáncer no está justificada“.

Perfecto para dañar tu dentadura

La triste realidad es que el único efecto que tiene el zumo de limón es negativo, tal y como explicaba el dietista-nutricionista Julio Basulto hace unos días en Twitter. En 2015, un grupo de investigadores alemanes y británicos se planteó analizar el efecto que tenían diversos tipos de bebidas ácidas en los dientes: desde la Coca Cola, pasando por el Sprite, el Red Bull, el zumo de naranja y hasta el agua del grifo.

Las conclusiones de esta investigación, en las que se utilizaron piezas dentarias de ganado bovino, son realmente llamativas. Resulta que el zumo de limón, el brebaje por excelencia utilizado desde tiempos inmemoriales por nuestras abuelas y tatarabuelas, tiene un efecto negativo sobre el esmalte y la dentina y acaba desgastándolos y dañándolos.

Mucho más que la Coca Cola, por ejemplo. “De todas las bebidas, la Coca Cola y la Coca Cola light mostraron menor erosividad, mientras que el zumo de limón mostró una erosividad estadísticamente superior que el resto de bebidas menos el Sprite y el zumo de manzana”, concluyen los autores.

Así, una vez más, ante “superalimentos”, remedios milagrosos, tradicionales o “naturales”, el escepticismo suele ser la mejor baza. Consultar a un dietista-nutricionista o a un profesional de la salud antes que fiarse de mitos y remedios más propios de La Botica de la Abuela tampoco estaría de más.

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