Estamos muy lejos de alcanzar una convivencia armónica en nuestro país.

La conflictividad ha alcanzado una alta expresión. Se han profundizado los conflictos en los ámbitos político, económico y social, en una manifestación de la falta de razonamiento en el ejercicio del poder y de la desigualdad profunda en nuestra Honduras.

Yendo al terreno político, hemos de recalcar que es un mal ejemplo el que proyectan los líderes, protagonistas de la crisis, en momentos en que el país necesita ingresar en un proceso de sincero entendimiento.

Los líderes de las instituciones partidarias se desgarran las vestiduras y aseguran que sus actuaciones están influenciadas por su deseo de buscar la concordia entre los hondureños, robustecer la institucionalidad y consolidar la democracia.

Pero su actitud refleja un sentido adverso a sus discursos. No terminan de asumir compromisos patrióticos que contribuyan a sacarnos del pantano.

Y en el interior de las agrupaciones sociales y gremiales, tampoco hay una cohabitación pacífica. Demos una mirada a lo que ha sucedido en los días que han transcurrido de este año.

Un sector de transportistas de carga paralizaron esta semana el tránsito por la carretera CA-5, en protesta por el incremento en el peaje, un movimiento que fue mezclado con ingredientes político-sectarios y que ha generado en cuantiosas pérdidas.

Los enfermeros y enfermeras auxiliares tienen vigente su demanda de que sean abiertas más plazas para profesionales en esa rama de la salud; y, entre el gremio de los médicos, está latente una conflictiva relación por reclamos laborales no resueltos.

Los maestros no escapan a esta cadena de pugnas. Esta semana, los dirigentes magisteriales han vuelto a elevar su protesta por las reformas a las leyes que les obliga a retirarse del sistema de previsión a más edad y a efectuar sus cotizaciones al sistema de previsión por más tiempo.

Más significativa es la condena manifestada por los educadores respecto a los embates de los grupos criminales que les han convertido en un sector vulnerable ante la inseguridad.

En la materia que tiene vinculación con el aparato productivo y la actividad económica, no hace mucho los cafetaleros dieron muestras de sus hondas diferencias; unos, plegados a quienes manejan su gremio; otros, arrastrados por políticos interesados en tomar el control del rubro.

En fin, las discrepancias se multiplican, los desacuerdos echan raíces y las motivaciones patológicas de ciertos segmentos para mantener la zozobra en nuestro país, avanzan.

Si de verdad los hondureños anhelamos convertirnos en agentes de transformación de nuestra realidad, tendríamos que entrar todos, sin exclusiones oportunistas, en una cruzada por la convivencia pacífica, el progreso, la igualdad, libertad, democracia y justicia.

 

 

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