Una máxima dice que las desgracias no vienen solas.

Ese dicho está preñado de sabiduría, en tanto significa que los males normalmente vienen en cadena. Calza justo con lo que ha ocurrido en el país estos días.

¡Cómo no conmovernos ante los desgarradores cuadros como el de un incendio que consumió la vida de dos infantes, hermanos entre sí, quienes se encontraban al cuidado de su abuela cuando las llamas destruyeron su casa en una zona de San Pedro Sula!

La semana que recién terminó tuvo como característica la proliferación de siniestros en el norte del país. Uno de tales eventos se produjo en una planta de procesamiento de palma africana en Tela, y otro tuvo lugar en un local comercial en el pleno centro de La Ceiba, Atlántida.

En la zona sur el emblemático Mercado San Antonio de Choluteca fue reducido a escombros y en la parte central de nuestro territorio suman las contingencias como la sucedida en el plantel de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), y otras desgracias que han dejado en las calle a decenas de familias.

El más reciente ocurrió justo el viernes en la noche,cuando una decena de casas fueron abrasadas en la populosa colonia La Trinidad de Comayagüela.

Sumado a estos imprevistos, unos más trágicos que otros, los incendios forestales nos están dejando una huella patética de efectos irreversibles en la destrucción de nuestros recursos naturales.

Son varios los factores que se conjugan en este cuadro dramático que se nos ha pintado al inicio de una época que, según los pronósticos, será de extremas condiciones climáticas

La displicencia con que usualmente es tratado el tema de los incendios por parte de la misma población en riesgo, la falta de una cultura de previsión y la actitud acomodada de la plataforma burocrática de contingencias, son algunos de tales desencadenantes.

Mientras no tomemos lección de las desgracias, ni aprendamos a manejar las líneas de la prevención, la planificación y la alerta temprana, o no haya consciencia efectiva, las tragedias seguirán llegando acompañadas.

 

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