Honduras es el país con los índices más altos de soborno en el área centroamericana.

Este dato es subrayado en el informe “Barómetro Global de la Corrupción”, de la organización Transparencia Internacional, en el cual se anota que Honduras retrocedió doce puntos en los indicadores de percepción de deshonestidad respecto a 2016.

Basado en una encuesta para conocer la relación de la población que había tenido que pagar un valor ilegal para recibir una respuesta a su requerimiento en varias categorías de servicios, se sabe que los hondureños puntean la lista.

El porcentaje alcanzado por los entrevistados para el estudio de Transparencia Internacional es de 33 por ciento, más de la tercera parte de los ciudadanos.

En El Salvador fue de 31 por ciento, en Nicaragua alcanzó 30 puntos, mientras en Guatemala se cuantificó un 28 por ciento y en Costa Rica llegó a 24 por ciento.

En el caso de Honduras, el Barómetro Global logró identificar que los ciudadanos de este país están más expuestos a las acciones de deshonestidad de los funcionarios que se desempeñan en los tribunales de justicia.

En El Salvador, los pobladores manifestaron que hicieron efectivo sobornos en las áreas de educación, salud y trámites para la emisión de documentos públicos.

En Nicaragua este tipo de irregularidades se presentaron más en los centros asistenciales, mientras que en Guatemala prevalecen más las acciones anómalas en la Policía y en Costa Rica, las coimas son solicitadas indistintamente en los renglones de educación, salud, servicios públicos y órganos de seguridad.

El Barómetro Global de la Corrupción refleja, igualmente, que tanto los ricos como los pobres, hombres y mujeres han pagado sobornos en proporciones relativamente iguales.

Los sondeos en Honduras señala que la población de este país está más proclive a manifestarse a favor de que los ciudadanos desempeñen un papel relevante en la lucha contra la corrupción.

Un hallazgo central en el estudio de Transparencia Internacional en Honduras es que el índice de soborno es muy elevado y que todavía la Policía es percibida como una institución contaminada.

Pero prevalece la opinión en el sentido que la sociedad misma puede marcar la diferencia en la lucha frontal contra la corrupción, un mal endémico que ha marcado la vida del país y desbaratado los planes de progreso para el bienestar general.

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